Cada frase alberga una historia distinta. Las letras dejan huellas que las palabras siguen para que tú puedas vivir en su historia. Disfruta cada paso.

viernes, 11 de junio de 2010

We are so far away...

Si Dios me lo permite, púdrete.

Quédate en tu infierno, que yo me largo… no espero que me llores, si lo haces mejor que mejor. Tampoco espero que el sol baje a cenar conmigo, me basto con mi luz, la suya me viene de lejos. Pero todo se agradece, mal y bien.

Tú, tu mierda y yo. La vergüenza de estar conmigo, pudiendo besar ranas desconocidas, probar mundos nuevos que la imaginación no cabe a entender.

Cuando nazcas de nuevo, verás la primera cara que te sonríe y detrás se ríe de ti, te ama y te odia como yo hago, besándote en sus sueños e imaginando como caes a pedazos delante de mí.

Sin que yo haga nada.

Aun mantengo esa espinita que me has dejado de regalo en mi corazón… diciendo “Guárdala para sufrir con sus labios junto a los míos”

Algo así… ¿como poder olvidarlo? Has infectado mi alma de mentiras y satisfacciones fingidas.

De gritos de agonía, cuando el alma ríe.

Miento, mientes, y más y más deseo comerte a besos en este momento. No. Te quiero pero más me quiero a mí.

Siento herirte, antes no imaginaba escribir esto y desear que lo leyeses, que viniese a mi locura una imagen de tus ojos verdes evacuando sentimientos rotos, besos apagados y luces marchitadas.

Quizás, sobreviva a este hundimiento y suba al cielo, baje al infierno y vuelva a subir.

Sobreviviré, se lo que quieres y lo que necesitas, me daré el gusto de no dártelo.

Pero sabes lo que necesito; un beso antes de un adiós, de marchar para siempre con los corazones en la mano, y en la otra uno nuevo, solo por prevenir. De fábrica… innovando.

Allí, en el destino llamado oscuridad, viviremos por un tiempo para cegarnos ante la nueva luz.

Y el cabrón se empeña en recordar, aun en el cajón de mierda, mierda, mierda inservible y no reutilizable.

Intento tapar mi olfato cuando pasan tus feromonas por mi lado, llamando a los tiburones a comer.

Magia, si, soy maestro de la contradicción y lo mas sensato del lugar; oscuridad…

Ven y lléname de ti, gracias por el veneno.

Y por más que me empeño en contradecirme, duele la espina con-función-de-recordar y se hunde más a dentro.

Mis labios buscan los tuyos, como a lo largo de casi siete meses, rozándonos la piel y saboreando tu calor. Privando tu veneno, poco a poco lo metiste en mi sangre. Quise morir ahí, estallar en huracanes de pasión, devorarte cual manjar en ayunas obligadas.

Pero vámonos, que nos llaman… coge lo la ropa y lárgate.

Gracias, de verdad.

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