Cada frase alberga una historia distinta. Las letras dejan huellas que las palabras siguen para que tú puedas vivir en su historia. Disfruta cada paso.

martes, 2 de agosto de 2011

Te echaba de menos,

me cuesta admitirlo.

Había vuelto. Hacía tiempo que pasear por lineas desgastadas y material explosivo no me hacía igual. Igual que tú, igual que ayer.
Volver era cómodamente apropiado para mi situación. Llovía a mares cuando no llovía en seco. Del revés hacía el amor con guerra a una situación incómoda. Y escocía porque quemaban las lineas.
No dejan morder mis miedos, no dejan de morder porque le hace fuerte la sangre. El ego era, en tercera persona, perfecto.
Las letras, perfectamente irregulares, me ponían a fuego lento entre la espada y tu espalda. Me aferro al metal con los dientes, con caricias a la espada atraviesa mi piel. El dolor que alberga la alegría de estas lágrimas se debe a la ausencia total de cordura. Me cuesta componer una sinfonía a base de alaridos.
No hay cordura capaz de prevenir que esto puede salir mal. Saldrá, y tendrá que volver a entrar por el frío que hace fuera, te cala hasta los huesos sin nada que te abrigue. Por eso viene bien.
Me lanzaría al vacío de esa ausencia si en su interior hubiese algo menos que rabia contenida. Si hubiese un punto medio entre ira y serenidad.
Pídeme un suspiro acariciándome la mejilla. De él saca la fuerza necesaria que a tus manos les falta. Ven, sopla a las nubes que hacen tormentar esta tormenta.
Me declaro adicto a tus curvas.

2 comentarios:

  1. Hace mucho que no comento. No es porque no lo lea, si no que... para qué decirte que es increíble si es algo que salta a la vista.
    Esperaba impaciente una nueva entrada.
    Ah, y... muchísimas felicidades.
    Un beso :)

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  2. Ohhhh muchisimas gracias Marina :) por ambas cosas!

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