Cada frase alberga una historia distinta. Las letras dejan huellas que las palabras siguen para que tú puedas vivir en su historia. Disfruta cada paso.

jueves, 7 de abril de 2011

Me gusta como escribes.

No me ofrezcas la posibilidad de crear un mundo en el que no caben soles, rotos por el tiempo, ni en el que caben almas vacias y sin ganas.
Para ser exactos, rondabas mi cabeza cuando un mundo caía para dejar paso a uno nuevo. Pasabas por ahí, como quien quiere la cosa, para tomar asiento VIP y ser el primero en observar como las almas rotas caían rodando escalera abajo. De un mundo hecho de cristal, transparente y claro como el agua, puro como un sentimiento, un mundo lleno de calor, lleno de las cosas que salen al hablar de él.
Esta tarde tuve un sueño. Claro. Transparente. Pero oscuro. Mentiría si dijese que me levanté nada más despertar. Tumbado en mi cama...
Me levanto. Me hincho. Me veía como un extraño sin nada que decir, con todo gritado, frente al espejo. Era simple la idea pero estaba escrito en idioma de lágrimas. Yo no queria sentir tristeza, por lo que comencé a caminar sin saber a donde ir. ¿A dónde huir? Las sombras me persiguen. Se reflejaba en el espejo pero se veía invisible, como una metáfora sin ilusion de ser más allá de lo real. No pude evitar darme cuenta de que aguaceros caían ojoabajo en son de no encontrar canción que me refugiase bajo un techo inexistentemente sentido. Porque las mejores canciones siempre llegan al alma, ahí. Y tu partitura de latidos me ataba en un mástil a escuchar sirenas, con tentación de adentrarme en un mar de lágrimas cristalizadas.
Siempre quise desafiar la realidad, por eso me refugiaba, pero bajo un techo inexistente poco cobijo hallaba. Intentaba evitar los puntiagudos lazos que me ataban a la enredadera en muros, en El Muro. Escalaba. Subo peldaños, me lanzaba a un fuego congelado con alma de Fénix que deseaba mandar a la mierda la razón y vivir por sentir. "Yo quería sentir la vida". Tocaba la perfección en notas de piano. Caminando sobre tiburones. Exprimiendo la mente, zumo de razón. Abriéndome el pecho para dejar salir algo mejor que lo que narra historias sin final. Enredaderas en mi cuerpo.
¡¡Alto, alto, alto, alto!!
Pero no me paraba a pensar que, ¿para qué pensar?.

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